Chelva y el puente invisible

Distancia 33,0 kmDesnivel positivo 1.007 m
Tiempo en movimiento 3:15IBP 82
En mitad de una pista
En mitad de una pista
Hace escasas semanas varios integrantes de El Perro Verde BTT se fueron a pasar la mañana del sábado a Chelva.
Parados
Parados
Pese a ser Abril, de buena mañana continúa haciendo bastante frío. Ya se puede ir con las piernas al aire, pero la parte de arriba es fundamental llevarla cubierta. Un cortavientos hace su papel hasta que la mañana avanza lo suficiente. A primera hora el frío en la serranía llega a un nivel que aprovechando el mercadillo de la plaza del pueblo, Damián se compró una braga en un puesto dado que la suya se le olvidó en casa. La ruta ya empieza con problemas. El cable del desviador de mi bici decide destensarse por completo dejándome con el plato pequeño para todo el día. Pero Juan consigue salvar la situación con un poco de maña. Además del desviador también se rompe la funda del cable del bloqueo. Todo un misterio. Arreglado el percance, la ruta continúa con una implacable subida hasta el puesto de vigilancia forestal de El Cerillar.
En la caseta del forestal
En la caseta del forestal
Cuando llegué el primero a la cima, lo primero que hice fue subir encima del hito geodésico, intentando ver desde más allá de la cumbre. La vista es preciosa, viendo a tus pies el embalse de Benagéber e incluso la vista alcanca a ver Tuéjar a lo lejos. Pero una de las vistas que más alegraban la situación la teníamos bien cerca, puesto que la caseta del forestal tenía un precioso refugio para dejar el todoterreno. Techado, sin puerta y bien a resguardo del frío y del viento que asolaba la montaña. A la hora de bajar de allí empezaron de verdad los problemas. Debido a la tala de los árboles abrasados por culpa de un incendio anterior, la senda que debíamos bajar estaba cubierta por enormes troncos carbonizados. Pasar en bici ya era casi imposible, pero las ramas hacían que incluso pasar con la bici cogida al hombro ya fuera una proeza.
Gincana
Gincana
Tomar atajos en la empinada ladera era un acto de irresponsabilidad, ya que el terreno no era muy allá ni siquiera andando, y la caída podía ser muy dolorosa. A duras penas poco a poco fuimos bajando hasta la pista. Adrián hacía tiempo que ya había bajado. Posiblemente ese día acabó harto de esperar. La ruta continuaba por varias pistas hasta que llegó uno de los momentos especiales del día: el paso por el puente sobre el río Tuéjar. Tras su cruce, una nueva pista con buena pendiente nos recibía para salir del valle del río. Tomé la delantera llevando Óscar detrás en todo momento. Cuando me dí cuenta aceleré más intentando dejarlo atrás. Óscar lejos de picarse esperó de forma paciente, prácticamente a rueda. Cuando quise dejarlo atrás y subí un par de coronas, él aceleró y tras una curva cercana se acercó a nosotros una cuesta aún mayor. Mientras yo me atasqué y tuve que cambiar de marcha muy despacio él me adelantó a toda velocidad. ¡Ganó!
Puente sobre el Tuéjar
Puente sobre el Tuéjar
Cuando ya faltaba poco por llegar, hubo un momento en que la cagada fue asombrosa. Ya estábamos cansados y el camino indicaba un estrecho y empinado vericueto entre las paredes de una cochambrosa construcción. Mientras Juan, Adrián y yo bajamos, el resto, perdido, decidió que ya estaban lo suficientemente cansados como para volverse a Chelva, que se veía a simple vista a poco más de un kilómetros. Ellos tiraron por una pista hasta el pueblo. Nosotros por una senda que se adentraba en el valle del río.
A mitad ruta
A mitad ruta
Pero tan felices que nos la prometíamos cuando el track se va directo al río. Un cauce ancho, profundo y con el agua congelada. Además, aunque hubiese hecho un día adecuado para un chapuzón, el plan era complicado porque el agua estaba a un escalón de más de un metro de alto. Tras mucho buscar un camino alternativo con la bici al brazo en mitad de la nada, decidimos volver para ir directos al pueblo como los demás. El problema era que la única forma fácil era subir con la bici al hombro varios y estrechos bancales que hubieran hecho las delicias de un practicante de parkour. Por supuesto este tramo se ha borrado del track.
Cerveza de final de ruta
Cerveza de final de ruta
Realmente no perdimos tanto tiempo. Llegamos si acaso diez minutos más tarde que los demás. Eso sí, fueron diez tensos minutos que se hicieron tan largos como una mañana entera. Menos mal que la llegada a Chelva es en su mayor parte una demencial bajada hasta la zona de acampada del río. Bueno, después queda subir una cuesta del 10% hasta la plaza del pueblo, pero eso es otra historia.

Valoración de la ruta

Si algo se le puede achacar a esta ruta, es accidentada. La bajada desde la caseta del forestal, un completo infierno de troncos quemados. Luego perdidos en mitad del cauce… Y lo cierto es que la ruta muy variada no es que sea. Sin embargo el hecho de estar subiendo durante los primeros kilómetros al más puro estilo Higueruelas hacen que sea una delicia para los biciescaladores.
Puntuación de la ruta:
Una estrella
PuntosPuntosPuntosPuntosPuntos
Dificultad física:
Tres pedales
PuntosPuntosPuntosPuntosPuntos
Dificultad técnica:
Dos pedruscos
PuntosPuntosPuntosPuntosPuntos
Paisajes:
Dos carrascas y media
PuntosPuntosPuntosPuntosPuntos
Peligrosidad:
Un hueso roto
PuntosPuntosPuntosPuntosPuntos

Las fotos del día

Un comentario en «Chelva y el puente invisible»

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