De Real al Pico del Ave pasando por La Minga

Ya tenía la bici de montaña aparcada desde hacía meses, así que hoy la he cogido para pasar la mañana con mis amigos de El Perro Verde en una ruta que para un día tan fresquito como hoy me ha parecido muy adecuada: subir sin parar por pistas, por tierra, por piedras, por asfalto o por cemento, sin prácticamente descanso, y luego bajar a todo lo que da el desarrollo de la bici para volver de nuevo a Real por la carretera. No conocía la subida de La Minga, pero es espectacular. Lo suficientemente larga como para que acabes preguntándole a Alicia con insistencia si falta mucho para acabarla como el típico niño que va dando botes en el asiento trasero de un Seat Panda en un atasco durante la operación retorno. Y dura. Tan inclinada que me recordaba en ocasiones a los primeros metros de subida a La Rodana tras pasar la barrera. En esa zona nos hemos encontrado con dos colegas de Bikeportins que nos han acompañado durante unos kilómetros.

Desgraciadamente no era el día en el que he visto a José Antonio con más energía y la subida le ha costado mucho más sudor que al resto. De todos modos ha tenido ocasión de «descansar» (así, entre comillas) con la bajada hasta el caserío de la Paridera Roya. Suerte que era de bajada, porque había unos pedruscos con los que la bici pegaba unos botes que ni un canguro colocado de anfetaminas. Supongo que será la gracia de las bicis dobles, porque al final no sabía como demonios poner las piernas. Me dolían como si me hubieran pegado una paliza. La carretera, pese a nuestros temores, la hemos encontrado libre de motos y plagada de guardias civiles porque hoy se celebraba la marcha cicloturista de La Rompecadenas. Es muy malo ir en una bici que pesa un huevo y parte del otro, que tiene ruedas de 2,25 que parecen tanques y verse rodeado del pelotón de cola de una competición amateur. Ha pasado lo que tenía que pasar: he acabado picandome con ciclistas con los que tenía pocas oportunidades de adelantarlos con dignidad (no he mandado mi bici a luchar contra los elementos) pero al menos he conseguido tocarle la moral a alguno que otro. Unos participantes me han preguntado: «¿Queda mucho para Dos Aguas? ¿No se baja antes de llegar? ¿La subida a La Muela es peor que ésto?» Y claro, lo escuchas un poco con cara de espanto. Ya que te apuntas a una marcha cicloturista lo suficientemente exigente como para que alguien en una bici de montaña no debiera adelantarte, al menos ve un día a conocer con calma la ruta de antemano. Por dosificarte y eso. O al menos no perderte. Cojones, que apuntarse vale pasta. En un rato nos hemos reunido todos en el inicio de la subida al Pico del Ave. A algunos el asfalto nos cunde mucho y a otros les pica como hormigas rojas, pero subiendo la pista forestal las cartas han quedado definitivamente sobre la mesa. Alicia y Vicente están intratables. Más ágiles que nunca. A la zaga Paco Tejedo, casi pisándoles los talones. Ya más retirados estábamos Rafa y yo, que sin apenas dormir —y yo además cansado por mi fanfarronería macarra— hemos encontrado un ritmo perfecto para subir de forma cómoda pero con el pulsómetro amenazando con pitar a cada pedalada. A tiro de piedra disparada por mi rueda trasera nos seguían Pablo y Álex, disfrutando de las vistas y del lugar. Y de furgón de cola, José Antonio, poniendo el pie a tierra de vez en cuando para recuperar el aliento. La vez anterior que subimos se me hizo más corta. Quizás el hecho de que una racha de viento podía tirarte ladera abajo hizo que tuviera cosas más importantes en las que pensar en vez de mi propio cansancio, pero hoy cada vez que el camino dejaba de verse, me imaginaba que quedaba poco. Pero Rafa tenía la clave: —La última curva era la única que tenía el firme de cemento. Las demás eran de tierra. —¡Venga ya! ¿Cómo te vas a acordar de algo tan anecdótico de hace dos años? Pues efectivamente. La última curva era la única de cemento. Y el «tête de la course» llevaba esperándonos ya ni se sabe. Hacía un día tan fresco —con remojón de lluvia incluído— que lo que apetecía era comer al sol en la cumbre en vez de buscar la sombra. Eso, y tumbarse un rato a recuperar el aliento mientras reíamos de las ocurrencias de José Antonio. Es la gente lo que hace memorables estas salidas. Necesitaba parar a tomar algo, y creo que era el único que necesitaba refrescarse un poco. Lo bueno es que a Real hemos llegado echando chispas. Me hacía falta desarrollos más largos para bajar. Durante el último tramo antes de llegar a la cima, mientras seguía los pasos de Rafa, no podía dejar de pensar en que si subía hasta arriba sin parar era porque luego sólo con dejarse caer, la bici iba a ponerse a cincuenta por hora y así ha sido. Vicente y yo nos hemos vuelto a casa tal y como hemos llegado: pedaleando. Pero con un día tan cubierto y agradable al final he pegado una vuelta por los caminos de huerta de Picassent en vez de ir por el camino más corto. Parece que si el GPS llega con menos de cien kilómetros no redondeas la mañana.

3 comentarios en «De Real al Pico del Ave pasando por La Minga»

  1. Alberto eres todo un maestro en la prosa BTTera ! He disfrutado muchísimo leyéndote y a cada frase que leía en mi cabeza iba visualizando toda la experiencia de la ruta , ! Qué grande eres ! En todo y como cronista EPV . Un saludo !

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *