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Mijares y los peligros del Google Maps

Una vez más, agradecer a Andrés su amabilidad redactando su visión de la ruta. Yo también pondré mis impresiones entre párrafos.

¡Gracias, amigo!

Antes de comenzar quiero agradecer a Alberto las explicaciones que nos cuelga en la web para poder llegar a los puntos de partida. Son tan claras como cuando llevas GPS, en especial este fin de semana, que el punto de partida no me lo reconocía ninguna de las dos aplicaciones de navegación de las que dispongo en mi móvil y de no ser las indicaciones de la web me hubiese sido imposible llegar.

Cruce de caminos
Cruce de caminos

Para esta ruta por motivos técnicos y logísticos decidí saltarme el primer tramo de la ruta —14 kilómetros y 700 metros de desnivel— y con ello gané una hora y media de sueño. Además me ahorré el frío y el granizo del cual disfrutaron mis compañeros. Me uní a ellos justo a la hora del bocadillo, a partir de ese momento el día cambió, el sol despuntaba y comenzó mi ruta.

Lo cierto es que la salida estuvo durante todo el jueves y el viernes pendiendo de un hilo. Las páginas de meteorología daban lluvia, pero no de la misma manera. Además AEMET tiene una forma de indicar sus predicciones de un modo… Peculiar. Por ejemplo, si un pájaro te mea de camino a su nido, para AEMET significa chubascos ocasionales con tendencia moderada. Sus indicaciones son útiles si vas a sacar a la calle un paso de Semana Santa. Si no, no sirven para absolutamente nada.

Suso huyendo de la tormenta
Suso huyendo de la tormenta

Como ya era viernes y se acercaba la hora de cenar, decidimos dejar de buscar alternativas y arriesgar. Si se ponía a llover, mala suerte. Y no se puso a llover, sino que nos empezó a granizar pequeñas gotas. Mucho mejor que la lluvia. En vez de mojar la ropa, rebotaban y caían al suelo.

La primera parte de la fue tremenda. Pese a tener bastante desnivel de buena mañana, era mucho más llevadera que lo que vino a continuación. Bajadas rotas pero a la vez bastante fáciles y alguna curva con arena puesta con muy mala sombra.

A mitad de la subida maldita
A mitad de la subida maldita

Así que iniciamos el ascenso hacia El Cerro de la Grajuela subiendo por distintas pistas forestales, las cuales se encontraban totalmente destrozadas con toneladas de piedras sueltas. Al mínimo error de lectura del terreno perdieras la tracción, haciendo que el desgaste físico fuera bastante patente, pero ese no era nuestro mayor problema. Lo peor era que en ocasiones ibas tan tranquilo en la bici, a tu ritmo, cuando de repente veías al resto del grupo —no unos cuantos, sino todos— bajando de sus bicis y continuando el ascenso a pie. Bueno, más que ascenso era una escalada, arrastrando las bicis montaña arriba. En mi caso puede ser normal, pero ver a Jorge, Alberto o los dos Juanes, que son grandes escaladores era para que te temblaran las piernas.

Con la bici al hombro
Con la bici al hombro

Desgraciadamente esta ruta tiene un fallo en uno de sus tramos. Un fallo que ya había sufrido anteriormente, pero al menos esta vez no me pilló con diez kilos cargados en las alforjas. Ese fallo es suponer que una linea recta y marrón visible en el Google Maps es una pista en condiciones. O que un track sacado del wikiloc sin fotos, sin descripción y con el nivel de dificultad moderado sea realmente moderado. Pero ocurre en las mejores familias. Fue solo unos minutos, pero… ¡Qué minutos! Todos con la bici a cuestas, y Víctor directamente con la bici al hombro.

¡Cuidado, es agua!
¡Cuidado, es agua!

Pero como no miramos hacia atrás ni para coger impulso, el sábado El Perro Verde se disfrazó de La Cabra Verde para poco a poco, y con una corta pero intensa visita del habitual viento conseguimos llegar a lo más alto, donde nos esperaba un cartel —cortesía de Btt Requena— que indicaba la frase más fantástica que podría leer yo en ese momento de cansancio. Rezaba:

Precaución: 3 km de bajada

A partir de ese momento iniciamos una bajada que nos llevaría hasta Hortunas por sendas con algunos tramos trialeros donde encontrábamos todo tipo de indicaciones para que la bajada fuera bastante cómoda. Es la gracia de hacer un tramo de la marcha de Requena el día antes. ¿Que había una sección de escalones? No te preocupes, que ya estaba avisado. ¿Que llegabas a una confluencia de caminos? Nada, mira el suelo que las gigantescas líneas blancas te indicaban el camino, y así hasta llegar a la entrada del pueblo.

Parados en la nada
Parados en la nada

¡Qué senda! ¡Qué gran senda! ¡Qué bajada! ¡Qué botes! ¡Qué pedruscos! Solo por esos diez minutos bestiales merece la pena volver. Y qué recibimiento al llegar a Hortunas, pasando el río a toda velocidad, dejando que el agua te salpique entero.

De pensar en la bici que iba Juan Moya, me hubiera gustado esperarme para ir siguiéndole y ver el espectáculo.

El último tramo inició bastante bien, descendiendo gradualmente. Primero por asfalto y luego por una pista en muy buen estado y así nos adentramos en lo que para mí fue el segundo paisaje más bonito de toda la jornada —el primero fue mi coche, cuando termine la ruta totalmente agotado—. A la izquierda teníamos laderas de césped verde, a la derecha en forma de herradura nos arropaban las montañas y en medio nosotros rodando por la pista con el dulce sonido del agua que corre por su lecho. Pero una vez más la alegría dura poco en casa del pobre. Llegamos a un punto en el que el track nos obligó a seguir a campo a través hasta llegar al borde del riachuelo el cual comenzamos a bordear lentamente para encontrar un lugar para cruzar. Cuando al fin encontramos dicho lugar y tras cruzar el río con la bici al hombro, saltando piedras vimos lo que se suponía que era el camino… Por llamarlo de alguna manera. Incrédulos, tras revisar los GPS y confirmar que era por ese lugar, nos dispusimos a realizar la última escalada libre del día. Tras superar ese obstáculo llegamos a la CV-429, donde tras superar un leve repecho todo era una bajada de unos 4 o 5 kilómetros hasta la entrada de Mijares.

Segundo de los pasos por el río.
Segundo de los pasos por el río.

Pero para mí no había acabado la mañana. Como me gusta ir el último, cada vez que el grupo se enfrenta a una subida, para no variar me quede solo, lo cual hizo que a diferencia de mis compañeros, al llegar a la carretera en vez de descender directamente hasta Mijares, continué siguiendo el track. Me desvié levemente de la CV-429 para adentrarme unos 600 metros en la montaña hasta llegar al Cortijo Feliciano. Actualmente está abandonado y tiene muchas papeletas para servir de escendario de una peli de terror. Y a continuación tocó descender por una mini trialera de unos 300 metros entre raíces y escalones para empalmar de nuevo con la carretera y encontrarme con el resto del grupo, que ya estaban listos para volver a Valencia.

De vuelta a Mijares
De vuelta a Mijares

La verdad, pese a mis quejas a Juan durante los tramos de escalada, esta ruta para mí fue magnifica. Con grandes paisajes, descensos divertidos y rápidos pero sin llegar a ser suicidas y sobre todo, como siempre, en gran compañía. Una vez más, gracias a La Cabra El Perro Verde por permitirme acompañarlos.

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Mijares, 14 de marzo de 2015

De nuevo Juan Moya nos ha preparado una de sus famosas rutas. En esta ocasión rodaremos a lo largo de 40 kilómetros por la zona de la sierra de Martés, saliendo desde el poblado de Mijares (pedanía de Buñol), dejando como en otras ocasiones la zona de El Rebollar para ir en dirección sur y así abarcar toda esta sierra. Ademas, la ruta está trazada en forma de ocho, así que volveremos a pasar por Mijares a los 13 kilómetros.

Nada más salir bajaremos durante un kilómetro y medio para después afrontar la cima del día. 5.300 metros al 6,5%. Un puerto muy constante que se puede subir bien, no tiene fuertes desniveles y nos llevará hasta Peña Lisa. Buenas vistas panóramicas durante la subida y arriba del todo.

Desde ahí bajada rápida hacia el primero de los pasos por Mijares nuevamente, pero desviándonos hacia la famosa zona de Las Moratillas tras un repecho corto. Más tarde, ahora sí, bajada pero por una senda rápida de más de 1 km hasta el primer paso por Mijares.

Lo daremos todo al enfrentarnos al segundo de los puertos, pasando por una zona boscosa y virgen. Una subida más tendida, más larga y con varios descansillos. Aún así no tiene una fuerte pendiente. Tras coronarlo y bajarlo nos llevará a la aldea de Hortunas, ya en la ribera de un río Magro que no dejaremos hasta el final de la ruta tras bordear el río varias veces y en un terreno que subirá y bajará entre pistas y más sendas.

En esta ruta acabaremos de recorrer todo lo que es la Sierra de Martés: la zona norte por El Rebollar, ya visitada en anteriores rutas y la zona sur por Mijares, más virgen, y a mi parecer, más bonita.

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Las Moratillas: Cañas y Barro

Chat en la web picañera
Chat en la web picañera

Este sábado, la manada de El Perro Verde BTT se ha ido a un paraje conocido como Las Moratillas, muy cerca de Siete Aguas. Pero no lo ha hecho solo. El jueves detecté que habían enlazado la ruta desde la web de el club BTT Picanya para hacerla el mismo día y a la misma hora que nosotros. Al menos podrían haber dejado un comentario o algo —no cuesta nada— pero lo cierto es que tenía curiosidad por ver si al final venían.

Mientras llegábamos, adelantamos a un coche con varias bicis amarradas al maletero. Ahí estaban. Llevaban la equipación de su club. En un momento llegamos al lugar de encuentro. Una cosa está clara, ha llegado el invierno. Mientras nos abrigábamos tuvimos nuestra primera toma de contacto con los bikers de Picanya.

Los minutos pasaban y los picañeros decidieron salir, pero nosotros aún estábamos esperando a Javi y Paco Jorge, que no llegaban. Se equivocaron de salida en la autovía —lo próximo será programar el Tom Tom Go desde la web— pero en un momento pudieron comprobar el duro frío de la estepa moratillana. Bueno, para Vicente no fue un día frío, sino un perfecto día primaveral.

Les copains d'abord
Les copains d’abord

Por fin nos pusimos en marcha. El terreno estaba muy húmedo y pese a las previsiones, el cielo no apuntaba a que hiciese demasiado buen tiempo. Bastante suerte tendríamos si no acababa lloviendo, pero el suelo estaba ligeramente mojado y las ruedas se adherían cosa mala. Al menos, si el día despuntase la primera capa de tierra se secaría un poco.

Tras subir la primera cuesta que nos alejaba y aislaba de la autovía se abrió un paisaje totalmente distinto al que nos esperábamos. Pistas anchas y bien compactadas que atravesaban un colosal pinar. Nada más salir ya empezó a perderse parte del grupo, quedándose atrás Jorge y Alicia antes de recorrer los primeros dos kilómetros. Creo que por ahora es el record.

Con todos ustedes, su peor pesadilla
Con todos ustedes, su peor pesadilla

La primera gran bajada del día despertó todas mis alarmas. Como el barro estaba bastante compacto tuvimos la suerte de que las ruedas no se convirtieron en un surtidor de mierda, pero ni agarraban bien, ni frenaban, ni conseguían llevar la dirección con seguridad. Si nada más empezar ya está así el percal, ¿Cómo estará más adelante? Tuve la visión de gente acabando la ruta más rebozada de barro que el monstruo del pantano.

Al empezar a subir, las bicis no tiraban como era habitual. El roce de las cubiertas en la tierra húmeda lastraban mucho, pero el gran problema llegó en escasos minutos. Unos doscientos metros del camino se habían convertido en una especie de ciénago pantanoso. Las ruedas no sólo se hundían mucho más allá de la banda de rodadura, sino lo que es peor, el barro no se soltaba y se acumulaba en las vainas, los tirantes y la horquilla. Y suerte que todos llevábamos frenos de disco, que si no, el desastre podría haber sido aún peor.

¿Y cuándo dices que cambiaste los retenes?
¿Y cuándo dices que cambiaste los retenes?

En esas condiciones era imposible pedalear veinte metros seguidos. Lo mínimo que podía pasar era que se acumulase el barro en el cambio y acabara reventando. El desviador daba pena verlo… Y ojo con poner el pie en el suelo, porque se hundía hasta cubrir toda la suela.

Ni siquiera empujando la bici del manillar conseguíamos salir de aquel atolladero. A cada paso que dábamos nuestros pies recogían medio kilo de barro, y por mucho que intentásemos limpiar las cubiertas de barro, a cada media vuelta de rueda se ponían igual. Los pocos que intentaban seguir montados enseguida se dieron por vencidos. Acabamos saliendo con la bici al hombro. Afortunadamente no volvimos a entrar en ningún camino similar durante todo el día.

Mucha bicicleta doble, mucha horquilla de 150 milímetros y mucho cuadro de carbono, pero al final lo más necesario era tener un puñetero palo para quitar el barro de las calas y las cubiertas.

¡Un palo! ¡Un paloooo!
¡Un palo! ¡Un paloooo!

El grupo se fue estirando y se hacía la hora de almorzar. Así que decidimos parar a comer reagrupando en el campamento de Las Moratillas. ¿Todos? No, porque un pequeño grupo de irreductibles trialeros tiró hacia adelante y se pasó. Para llegar, necesitábamos atravesar una trialera terrible que acababa en una senda ya más agradable, en la que se podía poner la bici a una buena velocidad. A mitad de camino vimos una caseta metálica donde la gente dejaba escritos dentro. No lo ponía en ningún sitio, pero apuesto que es el buzón de quejas del metro de Valencia. Sólo así, obligando a hacer trialeras en bici de montaña para poder quejarse, se explica que esa inefable empresa saque más de ocho puntos en la última encuesta de satisfacción ciudadana.

Almorzando en una balsa
Almorzando en una balsa

En una pequeña balsa vacía, al sol, almorzamos Luis, Damián, Jorge y yo, comentando la música que podría poner Jorge en los vídeos. Mientras decidíamos si era mejor poner Joy Division (o Rajoy Dimision) llegaron los demás. Nos comentaron que Rafa se había caído de bruces contra el manillar, pero ahí estaba, más duro que un empaste de Hulk.

De nuevo en marcha, nuestra próxima meta era cruzar el río. Nadie se cayó al agua, así que no hay fotos para la historia, pero lo que sí que se quedó en el río fueron las fuerzas de Paco Jorge. Falto de entreno y reventado como estaba de pasar por todo el barro, las siguientes subidas las hizo andando. Como ya empezaba a hacerse tarde, el grupo se dividió definitivamente. Casi hora y media de ventaja nos sacaron los demás. Los que quedamos nos lo tomamos como un paseo campestre, sosegadamente pistero pero animado cuando al fin llegamos a una senda divertidísima, rota y llena de piedras, donde pude saborear el placer de adelantar a un Paco Jorge hechido de orgullo de bicicleta doble.

Voy cruzando el río...
Voy cruzando el río…

Mientras bajábamos andando una trialera en la que Javi se pegó una leche de impresión —afortunadamente sin consecuencias— pasó un momento de gloria, de esos que llaman ingenio de escalera. Paco, como no, empezó a hacer bromas sobre la bici de Damián, incluso llegando a decir que no se puede ir por la vida con bicis compradas en el Mercadona… El problema es que la bici no era de Damián, sino de Alicia. Lo cual me hace pensar que es bastante irónico que mientras la bici de José Vicente ha llegado a romper la cadena dos o tres veces en un mismo día, la de Jorge al cambiar haga un ruido más desagradable que rascar un plato con un tenedor, a Javi se le aflojó el manillar en mitad de una trialera, a Rafa se le atascó la cadena entre los radios y el cassette, a Damián el desviador le roza con la cadena, o a Adri se le desajuste el cambio a cada bache que pilla… ¡Luego las bicis malas son la de Alicia o la mía, que no nos han dejado tirados en la vida! Que yo sepa, todos hacemos el mismo recorrido.

Las bicis baratas no paran de dar problemas
Las bicis baratas no paran de dar problemas

Acabada la trialera, aún nos faltaba llegar al punto de partida por más pistas, que se hicieron más largas de lo imaginable. La lejana visión del totem de la gasolinera donde habíamos aparcado nos provocó más júbilo que la visión de América por Rodrigo de Triana hace más de quinientos años. Allí llegamos cuando ya sólo quedaban Ana y su novio, hartos de esperar. Y porque se iban en la furgo de Alicia, si no, ni eso.

¿Cómo es posible que no nos encontrásemos con los bikers de Picanya en ningún momento? Eso es otra pregunta que será contestada otro día.

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Las Moratillas, 15 de noviembre de 2014

Para celebrar el segundo aniversario de El Perro Verde BTT este sábado rodaremos por la zona de Las Moratillas, en un trayecto que discurre entre el triángulo formado por Siete Aguas, El Rebollar y Hortunas de Abajo.

La ruta empieza en el área de servicio de Las Moratillas y pasa por El Fresnal, Fuente Umbría, Las Moratillas y Mijares. A continuación sigue por los montes de El Rebollar, y vuelve por el camino de El Rebollar a Siete Aguas por el barranco de Los Manzanos.

La ruta tiene alguna subida donde se necesita algo de técnica —seguro que nada que no pueda hacer un buen Perro Verde— y la parte final de la senda de bajada al barranco de La Boquera hay algún escalón y piedras sueltas, pero es de gran belleza.

La ruta tiene unos 44 kilómetros y un desnivel acumulado de 932 metros. Para llegar desde Valencia hay unos 50 kilómetros de autovía.

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Rebollar, 21 de junio de 2014

La ruta del próximo sábado partirá desde El Rebollar, localidad cercana a Requena, con un desnivel acumulado de 1 095 metros y una distancia de 47 kilómetros. La iniciaremos atravesando el pueblo, y tras unos kilómetros de subida fácil acometeremos una subida algo más exigente con piedra suelta.

Desde aquí pasaremos al Barranco del Fresnal, y abordaremos otro ascenso hasta la Herrada del Gallego. A partir de aquí descenderemos 8 kilómetros hasta Hortunas, por pistas, algún camino y una senda.

Cruzaremos el rio Magro, e iremos en ascenso hasta Requena. Tras la subida llegaremos a las Lomas del Pinar, donde llanearemos por la pinada varios kilómetros en la zona del Castillejo. Dejaremos atrás el Barranco de Montenegro después de ascender de nuevo, y llegaremos a la comarcal descendiendo por caminos entre viñas.

A continuación, el camino de Trillero al Montote, que nos llevará de nuevo al rio Magro, y último ascenso de la jornada: las antenas del Montote. Tras ascender 5 kilómetros llegaremos a casa de la Herrada del Gallego, con 2 kilómetros muy divertidos aunque con algún tramo complicado.

Una vez en la pista nos desviamos por el camino de la Casa del Almendro, donde haremos un tramo de bajada con zonas de suelo de roca. Seguiremos recto y enlazaremos con un camino que tras pocos metros de dura subida se transformará en la senda del Puntal: esta senda es difícil, con rocas al principio y después con rampas pronunciadas.

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