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Carasoles Nocturna, 12 de julio de 2019

Este viernes proseguimos con la segunda etapa de rutas nocturnas, para ello El Perro Verde realizará una ruta clásica y algo olvidada, la reliquia rutera de Carasoles.El track original circula por la senda fluvial hasta la altura de Manises, que al llegar al Azud de Moncada , se desvía hacia los depósitos de Aguas de Valencia y la zona de La Presa. Poco después pasaremos entre los montes de Carasoles y Peñot para enlazar la subida a La Rodana (km. 30). Después de pegar un bocado , bajaremos por pista para enlazar con las sendas del Parque Natural del Turia, para finalmenente llegar a Ribarroja, y de ahí encarar el regreso a Valencia por la fluvial La ruta de unos 59 kilómetros con unos 636m de desnivel repartidos por todo el recorrido Sigue leyendo la planificación de la ruta

Las Rodanas, 6 de julio de 2018

Ha llegado julio a El Perro Verde y eso significa que empiezan las salidas nocturnas veraniegas. Este próximo viernes carga bien las baterías de tus luces y vente a subir Les Rodanes con nosotros.

En total serán unos 60 kilómetros y unos 700 metros de desnivel, pero cuidado. De noche todos los perros son pardos, así que la ruta puede resultar muy distinta a lo que estamos acostumbrados.

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Rodanes, 27 de enero de 2018

Para este sábado El Perro Verde sale para realizar una de sus socorridas rutas cerca de Valencia. Esta vez subiremos a Les Rodanes, pero para la ida llegaremos por detrás del polígono de La Cova y subiendo cuesta arriba la cantera de Carasoles. Para la vuelta, sin embargo, tiraremos por detrás, siguiendo el Barranco de los Olmos y enlazando caminos de huerta hasta llegar a Riba Roja en una ruta que no tiene tanto parque fluvial como en un primer momento puede parecer.

Desde Valencia la ruta tiene unos 60 kilómetros y un ascenso acumulado de poco más de 700 metros que se suben progresivamente.

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Descubriendo nuevas sendas de camino a La Rodana

Hoy El Perro Verde se ha ido a subir a La Rodana, una de sus rutas más habituales. Lo que pensaba que iba a ser el típico camino por el fluvial se ha convertido en una nueva aventura, pasando por un montón de sendas que algunos compañeros descubrieron en una ruta nocturna.

Llegando a Carasoles

En cualquier caso, el inicio es el habitual. Tras salir desde la óptica nos adentraremos en el parque fluvial hasta llegar a Manises. Allí empieza la diversión. Con Bruno ya con nosotros pasamos por una senda cercana al polígono de La Cova, que nos guiará junto a caminos y pistas hasta la cantera de Carasoles.

La verdad, no recordaba que se tardaba tantísimo en llegar. Puede que no haber desayunado tenga algo que ver con mi extraña percepción del tiempo transcurrido, porque en realidad hemos llegado bastante pronto. He intentado subir del tirón hasta la cima de la Rodana, pero no he podido. Me he puesto detrás de un hombre de edad respetable que iba a un ritmo similar al mío, pero ni por esas.

En la cima de La Rodana

Al poco de llegar arriba ha subido Tron, que hoy estrena su bici. Queremos creer que aún no está acostumbrado a los nuevos desarrollos y a la ligereza de su flamante adquisición y por eso no ha conseguido llegar el primero. Tras él, Iván y su casi nueva bici ha hecho acto de aparición —¿Aquí todo el mundo estrena bici o qué?— y cerrando el grupo, José Enrique, que ya empezaba a mostrar síntomas de agotamiento. Tras un rato de charla mientras comíamos algo, Vicente y Víctor se han ido con prisa a Casa. ¡Se han perdido lo mejor!

En La Rodana

Salvo que tengas que bajar andando con la bici del manillar, las bajadas siempre son más divertidas que las subidas. O al menos más trepidantes, pero justo después nos han metido por una senda que nos ha llevado al límite. Más arbustos y vegetación la hubieran hecho un suplicio intransitable, pero con menos ramas no hubiera sido tan divertida.

Sorteando escalones entre bancales y pequeñas subidas que parecían dirigirnos a ninguna parte hemos acabado en Riba-roja. El bochorno de la mañana se hacía cada vez más patente y la posibilidad del baño se iba convirtiendo en necesidad.

Baño en el Turia

Esta vez sí, por el parque fluvial, hemos parado en un pequeño remanso a la altura de Masía de Traver. Con las calas y el culote puesto la mayoría de nosotros se ha pegado un remojón en un río al que los valencianos, con la playa tan cerca, no acostumbramos a disfrutar. Fresco en pleno julio y con un caudal y belleza sorprendente para quien sólo conoce su desembocadura: ese zarpazo de hormigón cercado de autovías en mitad de la huerta.

El poco camino que quedaba hasta Valencia ha sido una tortura para José Enrique y para mí. El calor y —en mi caso— el almuerzo claramente insuficiente ha provocado que cada rampita de tres metros se nos antojase un puerto de montaña. Suerte que al llegar nos plantamos con la fuente del parque de cabecera, donde los bidones se tenían que turnar con nuestras cabezas, a un paso del mareo por culpa de tanta calor.

Cinco de nosotros hemos acabado en el bar Durban, donde ya antes de sentarnos hemos pedido dos bebidas por persona. La poca prisa que podíamos tener se ha diluido entre cervezas y una ruta sin incidencias en el que se ha cumplido de sobra el horario ha acabado haciéndonos llegar a casa casi a las tres. Pero, ¿acaso no son estos momentos lo mejor de las rutas?

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¡Dale al play! La Rodana, 15 de julio de 2017

En la mañana del sábado del 16 de julio de 2017, el plan de El Perro Verde fue realizar una ruta sencilla que partía desde la sede del club hasta las antenas de La Rodana Gran, en Ribarroja. Antes de afrontar la corta pero durísima subida, los bikers disfrutaron de varias sendas por zonas arboladas, zona desconocida por el grueso del grupo. Una vez arriba de la Rodana ya todo era dejarse llevar atravesando más sendas y disfrutando de un baño en el río turia a su paso por Manises.

Rodanas, 17 de Septiembre de 2016

Tras la tradicional ruta  a Riola, en la que la manada de   El Perro Verde BTT disfrutó por segundo día consecutivo de un merecido almuerzo en bar, nuestro próximo recorrido contará ya con alguna rampa, aunque por tratarse tan sólo de la tercera ruta tras la vuelta   hemos preparado un trazado no muy exigente para ir sumando altitud de forma progresiva.

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Rodanas, 12 de Septiembre de 2015

Tras nuestra tradicional ruta de inicio de temporada a Riola, en la que la manada de   El Perro Verde BTT disfrutó de un abundante y dilatado almuerzo, es hora de empezar a  subir alguna rampa que otra,  y para no hacerlo muy difícil por ser la segunda ruta después de las vacaciones—sobre todo para los que no han dado muchos pedales durante el mes de Agosto— nuestra comisión rutera nos ha preparado un recorrido fácil y de poca exigencia.

 Pedalearemoscon inicio en Valencia, por La Cañada y Entrepinos hasta llegar al punto en el que abordaremos las rampas que nos llevarán hasta  las antenas de la  Rodana Gran.

La ruta la realizaremos sin track, ya  que nos guiará nuestro compañero Rafa Folgado con su sistema RPS, (Rafa  Positioning System).

*Punto de partida y hora:   Quedaremos en    nuestro punto de partida habitual,  Óptica Savis  (C/Luis Buñuel, nº 3),  a las  7’30 h., desde donde iniciaremos la ruta a las 07’45   h. en punto.

*Almuerzo:   Almorzaremos al culminar el ascenso a las antenas, por lo que  deberemos   llevar el almuerzo y alimentos sólidos y  líquidos.

*Hora estimada de regreso: Esperamos estar de vuelta alrededor de las 13’00/13’15 h.

Mira la predicción meteorológica

No podemos mostrar la previsión meteorológica para Vilamarxant del día 12 de septiembre de 2015 porque ya ha pasado.

¡Esta manada no para!

 

Rodanas bajo la lluvia

Aunque el pasado sábado en teoría teníamos preparada una ruta por Vallada, el tiempo no hacía nada recomendable salir hasta allá. No es lo mismo hacer una ruta saliendo de casa y que te llueva a mitad de camino, a que se ponga a llover a una hora en coche de casa. Además, en este caso, las páginas de previsión meteorológica eran totalmente claras y unánimes. Tormentón, y más de cara a la hora de comer. Pero no me apetecía quedarme en casa. Echo muchísimo de menos las rutas de varios días recorriendo Cuenca, o Teruel, con todos los trastos en el portapaquetes, durmiendo tirados en el suelo de un polideportivo, y sobre todo, sin escapatoria a las inclemencias del tiempo. Si un día te despertabas en Carboneras de Guadazaón con el plan de llegar a Cuenca y de pronto comienza a diluviar, no te queda otra. Cargas las alforjas, les pones el cubrelluvias, tu chubasquero, los guantes de plástico, te envuelves las calas en bolsas de supermercado y… ¡Hala! ¡A rodar! Nadie te va a llevar en coche, ni va a aparecer un autobús mágico. Evidentemente nadie saldría de casa con la bici de carretera si avecina tormenta, ni para rodar por zonas de montaña complicadas… Pero ir por pistas y carreteras vecinales es divertidísimo. Le da un toque sufrido y épico. La satisfacción por finalizar el trayecto se multiplica con metafóricas heridas de guerra en forma de barro, reconfortante ducha templada y nuevas aventuras vividas. Así que la lluvia, lejos de detenerme, me incitaba a salir con más ganas… Y pocos caminos pisteros y cercanos a Valencia podremos encontrar como el ascenso a las Rodanas. Pero nadie me acompañará, porque en cuanto se oye la lluvia, los ciclistas huyen despavoridos como si cayesen pianos de cola en vez de gotas de agua. ¿Nadie? ¡No! Miguel dice que se unirá cuando pase cerca de su casa.
Camino a Montecañada
Camino a Montecañada
El día amanece tremendamente nublado. Está tan negro que parece que vaya a impedir que amanezca. Puntual a las ocho de la mañana salgo desde el parque de cabecera camino de Paterna. Barro no hay, pero los charcos ocupan casi la totalidad de la pista. A falta de un kilómetro y puntual a la cita, aviso a Miguel para que vaya saliendo de casa. Ya no hay vuelta atrás. La humedad del aire se notaba con tan sólo respirar. Las ruedas perdían energía al rozar sobre la tierra, que aún compactada, al mojarse complicaban el pedaleo. Como siempre, al llegar a las cadenas comienza la parte complicada de la ruta. Ya Miguel me advertía de que fuera tirando, que a partir de las cadenas, la pendiente y el estado del firme podían hacerle parar… Y ponerse a pedalear de nuevo en esas condiciones es complicado. Pero aún parando, poca tregua dió. A la vez llegamos a la cima, las puertas de Mordor. Creíamos que no encontraríamos a nadie en toda la mañana, pero en un momento empezó a aparecer gente de la nada.
En la cima
En la cima
Y justo al empezar a bajar, en el único momento del día en que podría resultar peligroso, se pone a llover. Nada, una simple llovizna que aunque cala ni siquiera merece que paremos a cubrirnos con el chubasquero. Mucho antes de llegar a la pista que nos llevará a Ribarroja ya habrá parado. Tras atravesar Ribarroja emprenderemos para volver el mismo camino que a la ida. Poco antes de despedirme de Miguel noto como de forma súbita la rueda de atrás se desinfla completamente. Menos mal que el pinchazo es justo ahora, en compañía, sin lluvia y con la rueda sin barro. Un trozo de vidrio del tamaño de una uña había traspasado la cubierta y aún estaba ahí, atrapada en la goma. ¡Menos mal que Miguel tiene algo más de maña que yo a la hora de estas reparaciones! A la hora de volver los charcos aún eran más grandes que a la ida, así que aprovechando lo temprano que era me puse a explorar nuevos caminos por la zona de la Lloma Llarga. No sabía que me estaba metiendo en una zona vallada, pero como ya sabemos como funciona el tema de ponerle puertas al campo, al poco de buscar encontré un tramo de verja roto con unos alicates por los que poder salir. Finalmente tras setenta kilómetros, con lluvia, con pinchazos, con cuestas, con momentos de perderse, parando a recoger a Miguel, parando en la cima de las rodanas… ¡A las doce y media ya estaba de nuevo en Valencia! ¡Así da gusto!

Valoración de la ruta

La típica salida a las Rodanas volviendo a casa por la Cañada en vez de por la cantera. Quería que lloviese y llovió, pero justo en el peor momento. Aunque lo que cayó por la tarde fue de salir en la zodiac de recate de la Cruz Roja, en vez de en bici. Sigue leyendo la crónica